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Aquí os dejamos un extracto del artículo “Las comunidades como espacios de transformación personal y social“, escrito por Paula y publicado en la Revista de Medicina Naturista en 2014. Un acercamiento al potencial transformador de la comunidad a partir de las experiencias diversas de Esalen, Findhorn y Garaldea. Podéis leer aquí el texto completo,

“Un poco de historia:

Garaldea está situada en la finca El Batán, espacio que se encuentra en el término municipal de Chinchón, Madrid. Rodeada por álamos y en su margen izquierda delimitada por el río Tajuña, la mayor parte está sin construir ni cultivar, fauna y flora que durante décadas llevan evolucionando sin intervención humana alguna.

Durante los últimos 10 años ha sido utilizada como comunidad terapéutica para personas con problemas de drogodependencias. Subvencionada por la Comunidad de Madrid y gestionada por diferentes empresas privadas, la filosofía del proyecto se caracterizó por un modelo de atención intervencionista basado en una concepción de la salud por un lado ajena al contexto que rodea a las personas tanto natural como personal y por una medicalización de los síntomas, sustituyendo en muchos casos las sustancias ilegales por legales.

Desde febrero de 2012, tras el cierre de la comunidad terapéutica por parte de la Comunidad de Madrid, un colectivo de personas pertenecientes a este ámbito, bien como usuarias o bien como profesionales, con varios meses de proceso de empoderamiento colectivo y la situación actual de precariedad, deciden comenzar un proyecto que sitúe la dignidad de las personas en el centro.

Garaldea es un proceso de construcción colectiva de tan solo un año y tres meses de trayectoria que aterriza en lo que denominan comunidad de aprendizaje Batán.

Este tiempo ha estado marcado por procesos intensos de transformación personal y colectiva. En un principio la comunidad la formaron exclusivamente personas que habían vivido el contexto de las drogodependencias, desde la experiencia vital o desde la experiencia laboral. El reto consistió y sigue consistiendo en la ruptura con los roles aprendidos de usuario y profesional que impiden hacer del aprendizaje algo colectivo y de la vida en comunidad un espacio de participación real. Con el tiempo el espacio se ha abierto a otras personas y colectivos, consiguiendo así una diversidad de experiencias que enriquece a toda la comunidad.

En ese proceso de toma de conciencia aparece la dificultad de querer relacionarnos con nosotros mismos y con los demás de una manera más respetuosa, pero de no encontrar las herramientas suficientes. Aquí de nuevo, ha sido la apertura al exterior: otros colectivos, personas, asociaciones… lo que ha hecho que este largo proceso de aprendizaje y transformación personal se facilite. Al conocer las experiencias de otras comunidades, queda presente que es este, el aspecto que más dificultades y conflictos conlleva (8).

Por el camino del respeto a una misma y a los demás aparece la necesidad de ocuparse del entorno. La falta de sostenibilidad en las instalaciones se hace cada vez más presente, hay que gestionar los residuos, las aguas, la energía… Una vez más es la comunidad con mayúsculas la que a través del aprendizaje mutuo va tomando conciencia de la necesidad de transformación del lugar hacia la sostenibilidad.

A la vez el espacio se convierte en fuente de riqueza y oportunidad. La variedad de plantas silvestres que comienzan a utilizar, la ampliación del huerto que pasa de ser un pequeño espacio testimonial a convertirse en fuente principal de consumo; optando por el cultivo ecológico como fuente de salud. Además, el huerto se convierte en símbolo de comunidad a través de la participación de varios colectivos con experiencia y conocimientos en agricultura ecológica.

En esa apertura al exterior, utilizan uno de los espacios como lugar para la formación con otros grupos. Algunos de los talleres que llevan en marcha varios meses son arteterapia, potenciando la creatividad y la toma de conciencia de los miembros de la comunidad a través de la expresión plástica y corporal. También existe un programa de habilidades para la vida a través del cual se pretende generar herramientas para la transformación desde el aprendizaje colectivo, en ámbitos como la comunicación asertiva, el pensamiento creativo, la toma de decisiones, el manejo de emociones y sentimientos, la resolución de conflictos y las relaciones interpersonales entre otros.

Talleres de fabricación de remedios naturales con recursos naturales de la finca, consiguiendo así modificar ciertos hábitos relacionados con la enfermedad.

Son numerosas las propuestas de talleres para el enriquecimiento personal y grupal, desde la autoconstrucción de un templo con adobe para meditar, hasta talleres de alimentación saludable.

El ejercicio, la meditación antes y después de las asambleas, el grupo de mujeres quincenal, la construcción comunitaria de un pozo de filtrado de residuos orgánicos… entre otros, no son actividades aisladas. A lo largo de los meses, la toma de conciencia progresiva va llevando del huerto ecológico a la disminución importante del consumo de carne en la dieta en favor de los vegetales, de la gestión de los residuos al uso de productos ecológicos.

El cambio de hábitos hacia más saludables se hace presente, dándose un proceso de reapropiación de la salud.”

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